Viva el vino

Rajoy en el balcón de Génova, víctima de la euforia. Sale al balcón, codea a Soraya Sáenz de Santamaría en las costillas y señala con rabia contenida a un enemigo invisible entre la multitud: “¡Viva el vino, cabrones!”. Yo ese gesto lo admiraría: ni puta idea pero sí mucha autoridad.

Las conclusiones del resultado empiezan y acaban en los politólogos. Y en un amigo que me ha anunciado esta mañana en furgoneta y chanclas que Ciudadanos ha acusado la propuesta de pacto con PSOE. Eso y que la participación ha bajado “porque las vacaciones”.

Uno espera que el crecimiento de la democracia sea una participación que crezca en cada convocatoria. Curso natural: cada 4 años, un plus extra respecto a la anterior, una introducción dulce en lo político. Pero llega junio y el gobierno no es prioridad, todos son iguales y demás repetición de tópicos. Para qué 2 semanas, 6 meses, de propaganda, para qué unir Izquierda Unida a Podemos si aspiraban a un Estado socialdemócrata, a un votante moderado.

El votante del PP, en todo caso, no solo no está en las redes sociales. Tampoco está en los periódicos, que han ido goteando corrupciones con puntualidad lacrimógena. Cuál es su modelo de gobierno nadie lo sabe y así la socialdemocracia debe de parecerles infantilismo de débiles, modernizar el liberalismo menos importante que la nación España, defender a España, mucha España toda ella.