Tobillos

Es una habitación de orden frío, calculado. Moqueta en el suelo, paredes insonorizadas. De un modo extraño, el conjunto alivia el temperamento. El chico se acerca a la chica, sopesa en su mano un cacao. Ella anticipa el error:

– Lo siento.

-¿Qué?

– Cuando era pequeña me torcí un tobillo y ahora me dan asco los penes.

El chico asiente reflexivo. Comprende el trauma. Ella, muy casual, muy equidistante, mira el suelo. Mira el techo. Mira el suelo. Espera a que él reaccione y se vaya. Finalmente lo hace y sale incrédulo, sintiendo su superioridad psicológica ante un trauma cognitivo tan jodido. Mantiene el cacao en su mano. Lo aprieta y sonríe, se siente afortunado.

(La chica nunca ha sufrido un esguince. Es que él es feo).