El sudor y los días

Hay un período absoluto, que es el último mes. Los músculos maltrechos, gastados en reposo, carburan y se engrasan durante el entrenamiento. Se impone entonces la dictadura de la voluntad, los tendones y músculos permanentemente  tensos. 78 kilómetros por semana. Los períodos de recuperación se suceden sobrehumanos. Basta un día de descanso para evolucionar de la fatiga a la adicción, pura obsesión por correr. Solo un bíceps femoral sobrecargado me obligó a abandonar una sesión de series salvaje. “¿Qué quieres de mí?”, pensé al terminar el día frustrado ante el plan trimestral. Todo se conquista, yo la maratón en algún entrenamiento perezoso del último mes. A falta de 12 kilómetros se desconfiguró el GPS, enmudeció la música. Se agotó la batería del móvil. Avancé, por tanto, sin referencia ni abstracción alguna, con el cuerpo gripado y la psique agotada. El core, gelatina. Cuando comprobé distancia y tiempo había completado el día 3 minutos más rápido de lo exigido. Los 26 kilómetros del día siguiente fueron tensos.
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La muerte del padre

Junqueras habla con naturalidad autoimpuesta en el aeropuerto de Sevilla. Recita pueblos de Andalucía y Extremadura. Después, en la mesa andaluza, habla lento, con pedagogía elemental. La propaganda es abrasiva: los discursos nacionalistas desgastan tanto que irritan. Frente al inmovilismo del Gobierno central, la pedagogía y el diálogo del Gobierno autonómico. La provocación es mutua y cuanto más extienden unos la mano, más aprietan los párpados otros.
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Por qué (no) escribir en un blog

¿Quién es más generoso?¿El que escribe o el que lee? La generosidad en Internet no existe; la estupidez, sí. Mantener un blog es poco más que un gesto de solidaridad, los beneficios son ajenos. Al menos a corto plazo. Esto es así porque en Internet, os informo, hay también clases sociales. Lo recogió Cristian Campos en su explicación del zugzwang digital: se reproduce en el entorno virtual la clasificación social de la realidad analógica. Clase alta, media y baja. Son inútiles así los principios de la Red abierta y gratuita. La clase alta fagocita el entorno. Tienen la tecnología, el capital de trabajo y millones de usuarios entre sus paredes. Son empresas mundiales: buscadores y redes sociales entre otras. Los millones de usuarios, por supuesto, forman la clase baja. ‘Páginas web anecdóticas, negocios digitales renqueantes, vídeos de baja definición, blogs abandonados, desahuciados del sector cultural’ son solo algunos condenados.
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