La tiranía de la gramática

La gramática condiciona, que escribió Nietzsche. Condiciona la realidad y configura la mentalidad. Es el efecto del ultrashow: la calle se convierte en un cúmulo de observaciones nuevas. El lenguaje de Miguel Noguera, el universo propio que comercializa, es contagioso y útil. Comporta consecuencias en la mente del público, un método de fidelización definitivo, la persuasión total. Lo que la gramática no puede expresar, no existe. Aquí Noguera consigue el control absoluto. Trasciende a base de expresiones propias – joder, ¿no?- y comentarios puntillosos. En la oscuridad queda la persona. Al parecer, es un tipo casero que gusta de tranquilidad y rutina sencilla. No un agitador social, no un artista extrovertido y comprometido con la cosa política. Su desenvoltura en el escenario permite intuir parte de él. Se arrastra con sencillez y antes empezaba la función con una normalidad obsesiva: ” Bueno, yo soy Miguel Noguera y desde hace un tiempo llevo a cabo el ultrashow… que es un espectáculo en el que explico mis ideas y… nada… es eso”.
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Introducción al noguerismo

“Joder, el tren de los bomberos, ¿no? El tren de los bomberos. Un tren rojo, pintado de rojo, lleno de bomberos. Exclusivamente para los bomberos, fundado por los bomberos, pagado con el dinero de los bomberos. Un tren que va a 300 por hora, un tren de los bomberos. Por fin tienen su tren, por fin tienen el tren lleno de mangueras que querían.
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