El sudor y los días

Hay un período absoluto, que es el último mes. Los músculos maltrechos, gastados en reposo, carburan y se engrasan durante el entrenamiento. Se impone entonces la dictadura de la voluntad, los tendones y músculos permanentemente  tensos. 78 kilómetros por semana. Los períodos de recuperación se suceden sobrehumanos. Basta un día de descanso para evolucionar de la fatiga a la adicción, pura obsesión por correr. Solo un bíceps femoral sobrecargado me obligó a abandonar una sesión de series salvaje. “¿Qué quieres de mí?”, pensé al terminar el día frustrado ante el plan trimestral. Todo se conquista, yo la maratón en algún entrenamiento perezoso del último mes. A falta de 12 kilómetros se desconfiguró el GPS, enmudeció la música. Se agotó la batería del móvil. Avancé, por tanto, sin referencia ni abstracción alguna, con el cuerpo gripado y la psique agotada. El core, gelatina. Cuando comprobé distancia y tiempo había completado el día 3 minutos más rápido de lo exigido. Los 26 kilómetros del día siguiente fueron tensos.
Continuar leyendo...