La muerte del padre

Junqueras habla con naturalidad autoimpuesta en el aeropuerto de Sevilla. Recita pueblos de Andalucía y Extremadura. Después, en la mesa andaluza, habla lento, con pedagogía elemental. La propaganda es abrasiva: los discursos nacionalistas desgastan tanto que irritan. Frente al inmovilismo del Gobierno central, la pedagogía y el diálogo del Gobierno autonómico. La provocación es mutua y cuanto más extienden unos la mano, más aprietan los párpados otros.
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