La tercera España

Españas hay muchas, cada cual de un tamaño más o menos modesto y atada a una libertad más o menos condicionada. La tercera España la situó Chaves Nogales en casa boquiabierta mientras las otras dos se mataban con rabia repugnante. La señaló bien: la miliciana que salva al burguesito que la condenará, el pueblo desorientado por los brotes de comunismo libertario o, en un salto generacional, el propio soldado de Javier Cercas que perdona a su enemigo entre la maleza. Una España pacífica en todo caso pero indiferente cuando se trata de una clase media aterrorizada. Siendo la más vasta – la verdadera mayoría silenciosa-, revuelve pensar el siglo XX si hubiera sentenciado. La indiferencia política es sentimiento grave, síntoma de un electorado torpe o primitivo o reprimido.
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Juan es muy poquita cosa

Juan es un niño atónito que, cuando asoma por las tardes al portal de su casa con el babadero recosido y limpio, llevando en las manecitas la onza de chocolate y el canto de pan moreno que le han dado para merendar y contempla el abigarrado aspecto de la calle desde la penumbra del zaguán, se siente sobrecogido por el espectáculo del mundo y se queda allí un momento asustado, sin decidirse a saltar al arroyo. Cuando, al fin, se lanza a la aventura de la calle, lo hace tímidamente, pegándose a las paredes, con la cabeza gacha, la mirada al sesgo, callado, paradito, atónito. Juan es muy poquita cosa, y la calle, en cambio, es demasiado grande, tumultuosa y varia. Es una calle tan grande y tan varia como el mundo. Juan no lo sabe, pero la verdad es que lo que él quisiera, callejear libremente, ser amo de la calle, es tan difícil como ser amo del mundo. Juan Belmonte, matador de toros (Manuel Chaves Nogales)
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