Ambicioso Campbell

La advertencia es premonición. Profetiza Draper, el mejor Draper, el más lúcido. “Si haces algo con la secretaria en su primer día nadie te respetará. Y no serás nadie porque nadie te querrá”. Le desobedece no solo en su primer día sino en su despedida de soltero. Después, para la chica embarazada,  silencio y soledad. Eso era ser secretaria de una agencia de publicidad en los Estados Unidos de los años 60. No es diferente Campbell casado y, ante la primera decepción, se desmorona. El papá de Trudy pagará el apartamento en Nueva York. Cuando él mismo acude a su propia família para sobrellevar el pago, su padre desprecia su obra: “¿Esto es todo lo que has hecho con tu tiempo?”.  Contrariado, encuentra en la fortuna familiar de Trudy una oportunidad profesional: Clearasil como cuenta de Sterling Cooper. Comienza entonces una relación interesada con  Tom Vogel, suegro de oro, que gira entre el yugo del dinero y las presiones biológicas. Tienes que montar una família, plantar tu propio jardín. Ya sabes, que crezca algo bonito.
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El sudor y los días

Hay un período absoluto, que es el último mes. Los músculos maltrechos, gastados en reposo, carburan y se engrasan durante el entrenamiento. Se impone entonces la dictadura de la voluntad, los tendones y músculos permanentemente  tensos. 78 kilómetros por semana. Los períodos de recuperación se suceden sobrehumanos. Basta un día de descanso para evolucionar de la fatiga a la adicción, pura obsesión por correr. Solo un bíceps femoral sobrecargado me obligó a abandonar una sesión de series salvaje. “¿Qué quieres de mí?”, pensé al terminar el día frustrado ante el plan trimestral. Todo se conquista, yo la maratón en algún entrenamiento perezoso del último mes. A falta de 12 kilómetros se desconfiguró el GPS, enmudeció la música. Se agotó la batería del móvil. Avancé, por tanto, sin referencia ni abstracción alguna, con el cuerpo gripado y la psique agotada. El core, gelatina. Cuando comprobé distancia y tiempo había completado el día 3 minutos más rápido de lo exigido. Los 26 kilómetros del día siguiente fueron tensos.
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La muerte del padre

Junqueras habla con naturalidad autoimpuesta en el aeropuerto de Sevilla. Recita pueblos de Andalucía y Extremadura. Después, en la mesa andaluza, habla lento, con pedagogía elemental. La propaganda es abrasiva: los discursos nacionalistas desgastan tanto que irritan. Frente al inmovilismo del Gobierno central, la pedagogía y el diálogo del Gobierno autonómico. La provocación es mutua y cuanto más extienden unos la mano, más aprietan los párpados otros.
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Esperando a que acaben

“ Alguna vez me contaron en la casa familiar, en Sevilla, cómo durante la fiesta que siguió a mi bautizo, al arrojar mi padre desde un balcón al patio lo que allí llamaban ‘pelón’, mis primos y primas, que eran numerosos, se arrojaron sobre el montón de monedas, mientras mi hermana Ana, segunda hermana mía, se quedaba en un rincón, mirando el espectáculo y sin participar en él. Al preguntarle alguno por qué no entraba ella también en la refriega, respondió: ‘Estoy esperando a que acaben’. En su respuesta veo no tanto la tontería inocente como la muestra de cierta cualidad insobornable, rasgo característico del temperamento familiar, que también existe en mí. Así, frente a la turbamulta que se precipita a recoger los dones del mundo, ventajas, fortuna, posición, me quedé siempre a un lado, no para esperar, como decía mi hermana, a que acabaran, porque sé que nunca acaban o, si acaban, que nada dejan, sino por respeto a la dignidad del hombre y por necesidad de mantenerla”. Historial de un libro  (Luis Cernuda)
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Por qué (no) escribir en un blog

¿Quién es más generoso?¿El que escribe o el que lee? La generosidad en Internet no existe; la estupidez, sí. Mantener un blog es poco más que un gesto de solidaridad, los beneficios son ajenos. Al menos a corto plazo. Esto es así porque en Internet, os informo, hay también clases sociales. Lo recogió Cristian Campos en su explicación del zugzwang digital: se reproduce en el entorno virtual la clasificación social de la realidad analógica. Clase alta, media y baja. Son inútiles así los principios de la Red abierta y gratuita. La clase alta fagocita el entorno. Tienen la tecnología, el capital de trabajo y millones de usuarios entre sus paredes. Son empresas mundiales: buscadores y redes sociales entre otras. Los millones de usuarios, por supuesto, forman la clase baja. ‘Páginas web anecdóticas, negocios digitales renqueantes, vídeos de baja definición, blogs abandonados, desahuciados del sector cultural’ son solo algunos condenados.
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Juan es muy poquita cosa

Juan es un niño atónito que, cuando asoma por las tardes al portal de su casa con el babadero recosido y limpio, llevando en las manecitas la onza de chocolate y el canto de pan moreno que le han dado para merendar y contempla el abigarrado aspecto de la calle desde la penumbra del zaguán, se siente sobrecogido por el espectáculo del mundo y se queda allí un momento asustado, sin decidirse a saltar al arroyo. Cuando, al fin, se lanza a la aventura de la calle, lo hace tímidamente, pegándose a las paredes, con la cabeza gacha, la mirada al sesgo, callado, paradito, atónito. Juan es muy poquita cosa, y la calle, en cambio, es demasiado grande, tumultuosa y varia. Es una calle tan grande y tan varia como el mundo. Juan no lo sabe, pero la verdad es que lo que él quisiera, callejear libremente, ser amo de la calle, es tan difícil como ser amo del mundo. Juan Belmonte, matador de toros (Manuel Chaves Nogales)
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Tobillos

Es una habitación de orden frío, calculado. Moqueta en el suelo, paredes insonorizadas. De un modo extraño, el conjunto alivia el temperamento. El chico se acerca a la chica, sopesa en su mano un cacao. Ella anticipa el error: – Lo siento. -¿Qué? – Cuando era pequeña me torcí un tobillo y ahora me dan asco los penes.
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Estaciones

En principio, la chica me parece interesante. Tiene inquietudes artísticas y respeta las normas sociales. Anoche durmió mal por culpa de un programa de televisión, un reality show de gente desnuda. Ahora va con prisa porque el tren está a punto de llegar y la máquina expendedora no acepta la moneda. Se dirige al encargado de la estación. Tipo zafio, huidizo. Está aburrido y hambriento. Además sospecha que pronto será despedido, está desmotivado. Es peligroso.
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Introducción al noguerismo

“Joder, el tren de los bomberos, ¿no? El tren de los bomberos. Un tren rojo, pintado de rojo, lleno de bomberos. Exclusivamente para los bomberos, fundado por los bomberos, pagado con el dinero de los bomberos. Un tren que va a 300 por hora, un tren de los bomberos. Por fin tienen su tren, por fin tienen el tren lleno de mangueras que querían.
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Cacao mundial

  Nuevas fechorías.  Mi cara en una moneda. La moneda no es de curso legal, ni siquiera sabemos su tamaño. Es más, la moneda es de chocolate. Por eso la he llamado cacao. Podría también hacerse merchandising del cacao, la publicidad en su versión más inútil. Lápices, camisetas, barras de chocolate. Reuniones de directores creativos discutiendo cual es la mejor estrategia. De verdad, si alguien lo comprara me daría vergüenza ajena.
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