La vida mancha

La película se llama ‘La vida mancha’. Producción española, excelente y sorprendente. Recrea para mí una época borrosa e idealizada, los 90, con normalidad y sin altura alguna. Desde el barro: el conductor ludópata, la madre sola – que no soltera-, el hermano lejano. No conviene buscar fallos en una película que es más madura que tú. Solo chirrían las bisagras en la referencia a ‘Érase una vez en América’. “¿Qué has estado haciendo en Londres?”, dice ella. “Me he levantado temprano”. Levantarse pronto no es acostarse pronto (el been going to bed early de De Niro), el atropello da para llanto.
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Cosas que sí

1. El sprint final en una carrera de larga distancia. Más distancia, más simbólico. 2. El estilo inglés, la britaniedad. Está en Alex Turner, Nick Hornby y el ánimo de Oliver Tate, protagonista de Submarine. 3. El Estado de Bienestar. Necesaria una reforma, no una revolución. Las revoluciones nunca han funcionado, Internet no cambia esto.
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Cosas que no

1. La renta básica universal. Cualquier incentivo a la pereza. 2. El posicionamiento SEO. El posicionamiento SEO es la muerte de la literatura. Perder personalidad para ganar visibilidad. 3. Los programas de entretenimiento. El tono de los programas de televisión de un futuro distópico autoritario será tan sedante como el de los programas de entretenimiento actuales.
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La tiranía de la gramática

La gramática condiciona, que escribió Nietzsche. Condiciona la realidad y configura la mentalidad. Es el efecto del ultrashow: la calle se convierte en un cúmulo de observaciones nuevas. El lenguaje de Miguel Noguera, el universo propio que comercializa, es contagioso y útil. Comporta consecuencias en la mente del público, un método de fidelización definitivo, la persuasión total. Lo que la gramática no puede expresar, no existe. Aquí Noguera consigue el control absoluto. Trasciende a base de expresiones propias – joder, ¿no?- y comentarios puntillosos. En la oscuridad queda la persona. Al parecer, es un tipo casero que gusta de tranquilidad y rutina sencilla. No un agitador social, no un artista extrovertido y comprometido con la cosa política. Su desenvoltura en el escenario permite intuir parte de él. Se arrastra con sencillez y antes empezaba la función con una normalidad obsesiva: ” Bueno, yo soy Miguel Noguera y desde hace un tiempo llevo a cabo el ultrashow… que es un espectáculo en el que explico mis ideas y… nada… es eso”.
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Presentador premiado

No existe visionario capaz de reducir la duración de la gala de los premios Goya. 3 horas 49 minutos en 2015. Cuando se necesitaba frescura, Alex O´Dogherty en estado lento. A la una de la mañana, un sucedáneo de concierto de Miguel Poveda. A la ilusión inicial siempre acompaña una sospecha de endogamia, el reflejo de una industria que ha conseguido concentrar en un espectáculo de audiencia masiva un lobby potente para reclamar y reivindicar. Aderezado, además, con la gracia cómplice de Dani Rovira. Su triunfo es doble: presentar la gala mejor que su antecesor y ganar el Goya al Actor Revelación o, vista la presencia mediática, arrebatárselo a Jesús Castro.
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Vientos y maderas

Toundra en Valencia. Gran sensación, ánimo estupendo. Vientos y maderas. 400 personas en la sala, a lo sumo. Toundra son Esteban, Alberto, Macón y Alex. Un programador, un asesor, un mánager y un abogado. Son una experiencia extraña. Música instrumental, los restos del baño de ruido y sonidos duros en los que ha evolucionado la composición musical desde su etapa clásica. Tienen también algo de medieval: guiños mitológicos en los títulos y una personalidad barroca.
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Diarios de Iñaki Uriarte

Opina Enrique Vila-Matas de Iñaki Uriarte que escribe libre. Publicó en 2010 y 2011 unos diarios curiosísimos en los que, si no ha creado un personaje, ha volcado toda su persona. Registra en ellos sus debilidades, la huella del tiempo. El tono intimista le permite renegar sin exagerar de la cultura del esfuerzo. Al mismo tiempo, arrastra un principio de remordimiento por su estilo de vida, más ocioso que trabajador. Aunque las anotaciones varían en extensión, es en la observación, el comentario rápido, donde acumula más fuerza. Tal vez abuse de la metaliteratura pero, en fin, es escritor y es su diario.
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No les pongas pie a las fotos

La primera pregunta fue una petición. Nos lo pasamos tan bien escuchándote que queremos que sigas hablando, José Luis. Historia viva del cine español, tiene seguidores convencidos: los ‘amanecistas’. Cada cierto tiempo se reúnen y rememoran el surrealismo de Amanece que no es poco, que es para José Luis Cuerda un neorrealismo natural. No pudo asistir al estreno y ahora le pregunta Rafa Rodríguez, editor de Verlanga, si esta gira de presentación es un desquite por la oportunidad perdida. Presenta el guion de una serie que nunca se rodó, llamada inicialmente Ad urbe condita en un latín tan clásico que “ni los curas saben ya qué significa”. La venganza debe de ser, aunque no lo reconozca, contra todo y contra todos porque cuando divaga sobre la posible dificultad que pudieran haber supuesto  sus guiones sentencia castizo: “¡Que les jodan!”.
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Gravedad cero

Órbita Laika es televisión pública. Divulgación como la que hacía La Nube o actualmente Página 2. No solo aciertan con el formato, talk show simpático, sino también con la duración. Construir un espacio exacto es más que meritorio, si acaso el único inconveniente sea el exceso de ritmo. El punto de partida de Órbita Laika es su propia ignorancia – Ángel Martín lo ha repetido hasta el agotamiento-, actitud expeditiva que se contagia. El propio humor escéptico de Ángel Martín, en esta ocasión inicial acompañado de Ana Morgade, sirve de base al flujo de colaboradores que se suceden en plató. Mientras, desmitifica el rol del presentador tradicional y banaliza, a veces forzado, sus propias aportaciones.
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Spinning

Se apoya en el sillín y le ataca la risa floja. Encima la bicicleta estática está encarada frente a las demás, de forma que puede abarcar las 50 bicicletas de la sala con la mirada. Por lo menos Joaquín ha colocado el ordenador al alcance de su mano izquierda. Ahora puede manipular el ritmo de la sesión a voluntad. Tiene un pequeño truco, unos leves indicadores de debilidad. Cuando la última fila se seca las primeras gotas de sudor, aumenta la intensidad. Música cerebral, por momentos apocalíptica. Después, cuando la primera fila empieza a sudar, vuelve la tranquilidad. Enya o “cualquier mierda zen, a mí qué me cuentas”, le espetó Joaquín cuando le pidió ayuda.
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