La cultura

La definición más cercana de cultura la escribió Stefan Zweig en ‘El mundo de ayer’. Escribió que “el teatro imperial, el Burgtheater, era para los vieneses y los austríacos más que un simple escenario en el que unos actores interpretaban obras de teatro; era el microcosmos que reflejaba el macrocosmos, el reflejo multicolor en que se miraba la sociedad. […] El espectador veía en el actor de la corte imperial el modelo de cómo vestirse, cómo entrar en una habitación, cómo llevar una conversación, qué palabras debía usar un hombre de buen gusto y cuáles debía evitar”. Métodos y formas de vida, también valores y costumbres, una cierta ideología. Por eso es tan brillante la versión británica de ‘The Office’. Ricky Gervais denuncia el exceso de ambición con un jefe infantil y egocéntrico. Cuenta con todos los recursos del humor inglés, el primero una ironía inteligente y personal. Refleja de paso los vicios de la sociedad: el afán de superioridad del director, el interés descarado de su ayudante por el cargo directivo. Y muchos matices. El valor de la serie
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Alrededor de un festival

La primera vez que vi a Muddy estaba desayunando lentejas en lata con una cuchara como de regalo de Cola Cao. Era el más bajo del grupo, tenía el párpado izquierdo casi cerrado y hablaba muy lento, siempre que podía en rima. Había pasado la noche en un portal de Bilbao y no había traído tienda: la compró el día de antes con el dinero que había ganado vendiendo droga. Después de Arcade Fire me dijo en el bus que era agente de un rapero en Madrid. Le pregunté el nombre y empezó a rimar. “Hace 4 meses que no lo veo/ me… meo”. Y se quedó mirando por la ventana y mascullando: “Estamos en el BBK… Estamos en el BBK…”. Cuando no podía rimar, se bloqueaba. No conocía a Arcade Fire y se fue a una colina después de New Order. Había estado todo el concierto practicando movimientos de boxeo a modo de baile. En ‘Blue Monday’ me tocó la espalda y cuando me giré empezó a simular al ritmo de la música que me pegaba codazos en las costillas. A
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Bloodline

Bloodline está en el catálogo de Netflix, el protagonista es Kyle Chandler. Protagonizó también ‘Friday Night Lights’ y se convirtió entonces en el padre de família de Estados Unidos. Bloodline actualiza el estereotipo y lo extrapola. Chandler, John Rayburn, es la guía de su mujer e hijos, el apoyo de sus padres. Es responsable de su hermano mayor y, en un salto natural, aspirante a sheriff, vigilante de la región entera.
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La vida en serio

[…] Uno de mis corresponsales introducía una crítica que rayaba el terreno de lo moral. Me reprochaba, ni más ni menos, tomarme a broma mi propio lecho de muerte. Lo cierto es que no se me ocurre otra forma de responderle que no sea tomármelo a broma. Es el único uso que por el momento soy capaz de darle a tan importante pieza del mobiliario familiar.
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Viva el vino

Rajoy en el balcón de Génova, víctima de la euforia. Sale al balcón, codea a Soraya Sáenz de Santamaría en las costillas y señala con rabia contenida a un enemigo invisible entre la multitud: “¡Viva el vino, cabrones!”. Yo ese gesto lo admiraría: ni puta idea pero sí mucha autoridad. Las conclusiones del resultado empiezan y acaban en los politólogos. Y en un amigo que me ha anunciado esta mañana en furgoneta y chanclas que Ciudadanos ha acusado la propuesta de pacto con PSOE. Eso y que la participación ha bajado “porque las vacaciones”. Uno espera que el crecimiento de la democracia sea una participación que crezca en cada convocatoria. Curso natural: cada 4 años, un plus extra respecto a la anterior, una introducción dulce en lo político. Pero llega junio y el gobierno no es prioridad, todos son iguales y demás repetición de tópicos. Para qué 2 semanas, 6 meses, de propaganda, para qué unir Izquierda Unida a Podemos si aspiraban a un Estado socialdemócrata, a un votante moderado. El votante del PP, en todo caso, no solo no está
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Ali en esencia

Un miedo primario de una persona que golpea es no doler. Una de las primeras lecciones de los deportes de contacto es congelar una mirada indescifrable, ilegible. La segunda debe de ser no dirigir nunca la mirada al lugar del golpe. El boxeo, sin embargo, cuenta con el escándalo de la sangre: una brecha no es un accidente, es una señal inequívoca de debilidad. Ali presumía de ser guapo. Sus reflejos se lo permitieron y una de sus imágenes más estéticas es él esquivando un golpe de Joe Frazier con espalda y pierna derecha en semicírculo perfecto. El paso atrás preciso para desactivar a Frazier en más de 100 kilos torpes y un poco ridículos. Años después, esquiva arrinconado en una esquina 21 golpes en 10 segundos durante una pelea de exhibición. Su cara queda siempre a milímetros del guante rival.
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Festival de desierto y playa

Cuando lo vimos desde el coche empezamos a especular sobre el nombre del escenario Las Palmas. Yo opté por las islas por exóticas pero alguien sentenció que era por el desierto y todos tragamos saliva. “Prefería Maravillas“, y me hundí en el asiento. Teníamos que trasladar la jaima de Gadafi hasta la zona de acampada. La jaima de Gadafi es un banco canadiense ya jubilado. Las instrucciones indican que su capacidad es de 5 personas pero hemos llegado a estar dentro 7 alegres y el cuadro oficial de mi comunión. Acordamos que el último día la patearíamos hasta que se desintegrara si con un poco de suerte no se incendiaba antes.
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La tercera España

Españas hay muchas, cada cual de un tamaño más o menos modesto y atada a una libertad más o menos condicionada. La tercera España la situó Chaves Nogales en casa boquiabierta mientras las otras dos se mataban con rabia repugnante. La señaló bien: la miliciana que salva al burguesito que la condenará, el pueblo desorientado por los brotes de comunismo libertario o, en un salto generacional, el propio soldado de Javier Cercas que perdona a su enemigo entre la maleza. Una España pacífica en todo caso pero indiferente cuando se trata de una clase media aterrorizada. Siendo la más vasta – la verdadera mayoría silenciosa-, revuelve pensar el siglo XX si hubiera sentenciado. La indiferencia política es sentimiento grave, síntoma de un electorado torpe o primitivo o reprimido.
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No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio uno lo comprende más tarde -como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante.   Dejar huella quería y marcharme entre aplausos -envejecer, morir, eran tan solo las dimensiones del teatro.   Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, es el único argumento de la obra.
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