Muchos blancos en todos los mapas

Mediodía entretenido. Se ha hablado en la reunión familiar de los tuits de Cassandra Vera sobre Carrero Blanco. Los he leido y me ha quedado una idea vaga, es un tipo de humor que termina por aburrirme. Por repetitivo, supongo. Porque la figura de Carrero Blanco ha quedado en el imaginario colectivo como un símbolo de la dictadura. No muy respetable. No aportó nada al progreso de España, desde luego.

La mesa no conoce Twitter ni sus formas. Cuando he remarcado que el Estado no debería intervenir se me ha señalado que los jueces no son el Estado y eso me ha decepcionado. Que los jueces son independientes del Estado. Hay ciudadanos que están votando sin conocer los tres poderes del Estado y en la educación pública se sigue estudiando la religión católica. Ese es el estado de la nación.

Tampoco comprendo cómo una ley que limita la libertad de expresión puede aportar democracia al Estado de Bienestar. El enaltecimiento del terrorismo de esos tuits, además, es dudoso o imposible. Ningún terrorismo se ha formado fomentando la libertad de expresión, y la consecuencia de aplicar esa ley terrible no va a ser un respeto exacerbado, un ejemplo de civismo más impoluto que el nórdico. Al revés: la conversación ha derivado hacia el tópico. Que, cuidado, en España hay mucha gente de derechas y mucha gente de izquierdas. Que nadie puede decir todo lo que piensa, lo cual ha sido revelador. Que, venga ya, la niña esa ni había nacido cuando el atentado.

Me pregunto si toda la gente que aprueba limitar la libertad de expresión escribe con faltas de ortografía.