La tiranía de la gramática

La gramática condiciona, que escribió Nietzsche. Condiciona la realidad y configura la mentalidad. Es el efecto del ultrashow: la calle se convierte en un cúmulo de observaciones nuevas. El lenguaje de Miguel Noguera, el universo propio que comercializa, es contagioso y útil. Comporta consecuencias en la mente del público, un método de fidelización definitivo, la persuasión total.

Lo que la gramática no puede expresar, no existe. Aquí Noguera consigue el control absoluto. Trasciende a base de expresiones propias – joder, ¿no?- y comentarios puntillosos. En la oscuridad queda la persona. Al parecer, es un tipo casero que gusta de tranquilidad y rutina sencilla. No un agitador social, no un artista extrovertido y comprometido con la cosa política. Su desenvoltura en el escenario permite intuir parte de él. Se arrastra con sencillez y antes empezaba la función con una normalidad obsesiva: ” Bueno, yo soy Miguel Noguera y desde hace un tiempo llevo a cabo el ultrashow… que es un espectáculo en el que explico mis ideas y… nada… es eso”.

No es ninguna voladura mental señalar que es un producto por fin exitoso del sistema educativo artístico. Estudió Bellas Artes y eso hay que celebrarlo: nunca lo abstracto había sido tan útil. Ha creado un código propio, que es su estilo. Los recursos, artístico-interpretativos todos, justifican la intención de no provocar risa, de generar violencia mental. El más llamativo es la entonación porque le permite mantener la atención del público y cambiar el ritmo del discurso a voluntad. El más efectivo, el vocabulario. Vocabulario culto pero encajado sin tensiones en el discurso. El secreto de su literatura debe de residir en su gramática. En algún punto de su formación, consiguió desarrollar una terminología propia para complementar sus ilustraciones – el motor del espectáculo. Últimamente empieza con un canto coral adaptado. También eso lo domina, también los coros medievales.

En el entramado de ideas, hay un recurso nunca antes explotado. Analiza su discurso en tercera persona, una técnica prodigiosa que le permite criticarse a sí mismo. Durante la introducción de un ultrashow: “Pronto empezará todo y ya será lo de siempre, la mierda de siempre… ¡ESTÁ EN CONTRA DE LO QUE HACE!¡ESTÁ EN CONTRA DEL ULTRASHOW! No quiere que ocurra, ¿no? El tipo…”.

Siempre son enriquecedores los artistas en un registro íntimo. Las opiniones políticas de Noguera terminan por dibujar su coherencia. La gente quiere orden y, cuando no lo tiene, se revuelve. Si tiene estabilidad, no – viene a decir. Del éxito inesperado de su propuesta confiesa que siente parte de culpa, que tiene mucho tiempo libre y los ingresos de un solo ultrashow son mayores que el sueldo mensual de un camarero.

Aun así, es un fenómeno extraño, por desgracia no apto para masas. En alguna ocasión ha razonado que no sería rentable en televisión. La televisión es el reino de la publicidad y su producto teatral muy segmentado y específico. No es heterogéneo, es concreto. Tan concreto que crea adhesiones y, una vez fagocitado por su mirada, puedes categorizar personas según cómo reaccionan al ultrashow.