La tercera España

DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACION, RAFAEL HERNANDO Y PABLO CASADO

Españas hay muchas, cada cual de un tamaño más o menos modesto y atada a una libertad más o menos condicionada. La tercera España la situó Chaves Nogales en casa boquiabierta mientras las otras dos se mataban con rabia repugnante. La señaló bien: la miliciana que salva al burguesito que la condenará, el pueblo desorientado por los brotes de comunismo libertario o, en un salto generacional, el propio soldado de Javier Cercas que perdona a su enemigo entre la maleza. Una España pacífica en todo caso pero indiferente cuando se trata de una clase media aterrorizada. Siendo la más vasta – la verdadera mayoría silenciosa-, revuelve pensar el siglo XX si hubiera sentenciado. La indiferencia política es sentimiento grave, síntoma de un electorado torpe o primitivo o reprimido.

Tal vez las causas de la pasividad política sean  básicas: el ser humano busca techo, dinero y família y, una vez seguro, la conciencia política no es útil. La frase más reveladora que he escuchado de Iñaki Gabilondo es que la política es la única forma de cambiar la realidad. Es un argumento contundente. Como que si no haces política, te la hacen los otros y que el mayor castigo para quienes no se interesan por política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.

Hay también en democracia un ciudadano enquistado. En la participación, la asociación y la transparencia encuentra conceptos vacíos y en la pluralidad de medios de comunicación, una cantidad de intereses e información imposible de digerir. La tradición arrastra estas ideologías residuales, 40 años de franquismo pueden desembocar en una transición admirada pero no cambian toda una educación de propaganda venenosa.

Conformista, entretenida y atemporal, a la tercera España yo la imagino sentada en el sofá, perdida en la propaganda de campaña más zafia e instalada en una actitud apolítica peligrosísima y, además, mentirosa. Ignora el juicio crudo de Iñaki Uriarte todavía no desmentido: que, con todas sus implicaciones, la derecha es la inclinación por el fuerte y la izquierda, la inclinación por el débil.