Inglaterra

La luz solar en Inglaterra es diferente. Atlántica, no lo sé. Puede parecer natural, geografía simple, pero la primera vista obliga a pestañear. Un tópico es el verde. Llueve tanto que crece hierba en el cemento de las entradas de las casas. Una mañana me dijo mi jefa que tenía que cortar el césped del jardín, que oía croar a una rana.

Una sensación íntima mía en los cascos historicos es que es un país sucio. Las fachadas tienen un ladrillo sucio, viejo. No están mantenidas y tampoco hay un plan. Hay, eso sí, mucha humedad y se mezclan los colores: marrón, gris, verde, mucho barro. Alguien me ha dicho alguna vez que todos los pueblos de Europa son más o menos iguales. Es bastante triste no apreciar las diferencias. También un amigo se queja de que prefiere una calle aleatoria de Salamanca antes que una gran ciudad inglesa. El desprecio también sirve para echar de menos.

A lo mejor deberían mejorar las carreteras, el transporte todo. Una prueba del caos es que hay semáforos en las autovías. Creo que son casos puntuales pero ir en autobús y parar en una carretera vacía es extraño. Las señales de tráfico me han parecido todo el tiempo antiguas también. Tienen una tipografía diseñada para la visibilidad. Se funde con el paisaje y queda una mezcla estrambótica, muy propia.

Hay ambulancias, enfermerías ambulantes en la calle los fines de semana por la noche. Es una política socialista. También hay descuentos a estudiantes y profesionales del sistema de sanidad pública -NHS-. Es habitual encontrar carne halal en los restaurantes y trabajadores musulmanes integrados en servicios de atención al cliente. Capitalismo avanzado: contratar una línea de Internet lleva unos minutos, cancelar el servicio antes de terminar el contrato leí que puede arruinarte o llevarte a un juzgado.