Ambicioso Campbell

pete campbell

La advertencia es premonición. Profetiza Draper, el mejor Draper, el más lúcido. “Si haces algo con la secretaria en su primer día nadie te respetará. Y no serás nadie porque nadie te querrá”. Le desobedece no solo en su primer día sino en su despedida de soltero. Después, para la chica embarazada,  silencio y soledad. Eso era ser secretaria de una agencia de publicidad en los Estados Unidos de los años 60.

No es diferente Campbell casado y, ante la primera decepción, se desmorona. El papá de Trudy pagará el apartamento en Nueva York. Cuando él mismo acude a su propia família para sobrellevar el pago, su padre desprecia su obra: “¿Esto es todo lo que has hecho con tu tiempo?”.  Contrariado, encuentra en la fortuna familiar de Trudy una oportunidad profesional: Clearasil como cuenta de Sterling Cooper. Comienza entonces una relación interesada con  Tom Vogel, suegro de oro, que gira entre el yugo del dinero y las presiones biológicas. Tienes que montar una família, plantar tu propio jardín. Ya sabes, que crezca algo bonito.

Los dos vértices de Pete Campbell- el orgullo personal y la incompetencia profesional- los une la deslealtad. El primer día que Trudy le visita en la oficina, Pete no está. Le recibe Don.

– He conocido a tu jefe, Pete. Encantador.

– No es mi jefe.

La rivalidad entre ambos es en realidad unidireccional. Campbell odia a Don Draper, un tipo que llegó a Sterling Cooper rogando desde las puertas del edificio.  El peor de sus sabotajes, el que descubre la historia oculta de Draper, termina en la oficina de Cooper. Anciano excéntrico, desoye las desventuras del director creativo y les resta importancia: “Un hombre es como es la habitación en la que está”. A solas con Draper es tajante: “Ten cuidado con él. Nadie sabe dónde nace la lealtad”.

Consciente de su falta de autoridad, la rutina de Campbell es frustrante. Sus intervenciones en las reuniones terminan siempre desastrosas por postizas. Tratando de restar crédito a Draper, solo consigue aportarle valor. El primer intento es definitivo: cuando Lucky Strike acude a Sterling Cooper preocupado por los últimos informes de salud, Campbell recupera un informe psicológico que Don había descartado previamente. Todos tenemos un deseo de muerte, concluye. ¿Muere con nosotros?¿Qué memez es esa?, viene a escupirle Lee Garner padre.

La primera temporada de Mad Men son 12 pasos que dibujan en Pete Campbell un perfil siniestro: ambición sin competencia. También desarrolla compañeros que le mueven de un lado al otro del ring sin piedad. Cuando anuncia la incorporación de Clearasil, Draper frena su posible entrada en el departamento creativo: Peggy se encargará. Inevitablemente, el paso del tiempo le difumina. Gira y cae siempre bajo la influencia de Draper, su contrapeso más frustrante. Consigue finalmente la dirección del departamento de Cuentas pero, para entonces, Draper ya es socio de la agencia.

Un final apropiado depararía a Campbell como máximo dirigente de una agencia en quiebra, todos sus clientes huyendo a la gracia de Draper. Su protagonismo en Sterling Cooper, no obstante, es vital para Bertram Cooper: la madre de Campbell es propietaria de gran parte del “norte de Nueva York”.  No es útil e intoxica las reuniones, por lo que su talento es singular: es la persona que da la primera y última palmada a los clientes.  En uno de sus delirios de grandeza, Draper exige su despido. No te engañes, calcula Cooper, hay un Pete Campbell en cada agencia.