Ali en esencia

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Un miedo primario de una persona que golpea es no doler. Una de las primeras lecciones de los deportes de contacto es congelar una mirada indescifrable, ilegible. La segunda debe de ser no dirigir nunca la mirada al lugar del golpe. El boxeo, sin embargo, cuenta con el escándalo de la sangre: una brecha no es un accidente, es una señal inequívoca de debilidad.

Ali presumía de ser guapo. Sus reflejos se lo permitieron y una de sus imágenes más estéticas es él esquivando un golpe de Joe Frazier con espalda y pierna derecha en semicírculo perfecto. El paso atrás preciso para desactivar a Frazier en más de 100 kilos torpes y un poco ridículos. Años después, esquiva arrinconado en una esquina 21 golpes en 10 segundos durante una pelea de exhibición. Su cara queda siempre a milímetros del guante rival.

La actitud de Ali, por excéntrica, le protegía. La presión no era ser el mejor boxeador sino anticipar el título y no conseguirlo después.. A Norman Mailer le extraña en ‘El combate’ el entrenamiento que siguió para enfrentar a Foreman en Zaire: corría tres o cuatro millas, nunca más de cinco, y seguía una dieta bastante aleatoria.  Usaba el  mismo ring de entrenamiento que Foreman y lo usaba después de él; no se inmutaba cuando veía el agujero, “más grande que una cabeza humana”, en el saco de boxeo de Foreman. Una muestra de pureza bajo el personaje la recoge ‘Ali’ (2001). En la rueda de prensa previa al ‘Rumble in the Jungle’, Don King, promotor de manual, desprecia a Angelo Dundee. Ali le encara, denuncia su actitud y le acusa de utilizar la promoción, el evento todo, para recaudar dinero. Es un gesto que le humaniza. Dundee fue siempre su entrenador y King el último oportunista.

Su combate con Foreman fue épico porque fue valiente. Una actitud muy débil ante un reto grave es la del tenista Ferrer cuando se enfrentó a Nadal en la final del torneo Conde de Godó 2011. Un titular de prensa posterior: “Pagaba por perder todas las semanas contra Rafa en la final”. Enfrentar a Nadal apabulla pero el instinto de autoafirmación de Ali nunca le habría permitido declaraciones derrotistas.

Al contrario, armó una personalidad histriónica y por momentos histérica. Una imagen captura a Frazier entrando a un coche y a su espalda, gesto provocador, Ali: “Si miras el espejo verás un hombre feo”. Su biografía profesional tal vez fije el estereotipo del boxeador polémico: pronosticaba en rueda de prensa el asalto en el que vencería a su rival y acertaba, nombraba las peleas importantes con rimas. “Rumble in the jungle”, “Thrilla in Manila”. La más terrible: “Drama in Bahama”. Se retiró con una derrota humillante, millonaria, y su cuerpo sufrió el exceso de golpes hasta su muerte. También el dinero creó capítulos penosos: su primer promotor, equipo de confianza, le abandonó cuando le retiraron el título de pesos pesados por falta de asistencia a la guerra. Un familiar intentó lucrarse con un vídeo doméstico de su funeral privado.

Para alabarle y para desacreditarle, se apunta al personaje. El personaje es siempre la persona, y hay comportamientos en sus peleas que son expresiones de una personalidad lúcida y brillante. La explosión de euforia contra el público cuando derrotó a Liston en 1964 contra todo pronóstico celebra una actitud vital: antes que a Liston, derrotó a los que esperaban que perdiera.

 

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